El príncipe de Viana en el Prado

Título: El príncipe don Carlos de Viana
Autor: Moreno Carbonero, José
Fecha: 1881
Técnica: Óleo
Soporte: Lienzo
Medidas: 3,10 m x 2,42 m
Localización: Museo del Prado, expuesto sala 61A
Fuente: Museo del Prado, Madrid
Formato: JPG alta resolución (2388 x 3051 pixels)

Descripción en la galería online del Museo del Prado
Hijo primogénito del rey Juan II de Aragón y de Blanca de Navarra y heredero de ambos reinos, Carlos de Viana tuvo que soportar que su padre le repudiara en beneficio de su otro hijo, Fernando “el Católico”. Sin embargo, ante su creciente popularidad en Cataluña, Fernando le obligó a retirarse de la vida pública, momento que inmortaliza Moreno Carbonero en este cuadro. En la pintura, un resignado don Carlos se entrega a la lectura y el estudio en la biblioteca del convento napolitano donde se refugió, acompañado únicamente por un perro. 
La obra muestra el rigor histórico con que Carbonero acomete en acontecimiento, visible en los trajes y en el estilo gótico del sitial. La fragilidad que transmite el personaje, el gesto de amargo desencanto y la mirada perdida, dan idea de la hondura emocional con que fue abordado el tema por parte del pintor. 
El cuadro llamó la atención de la crítica por reducir a una sola figura todo el argumento narrativo, contrariamente a lo habitual en la pintura de historia del momento.

Comentario en ArteHistoria.com. Junta de Castilla y León
A la Exposición Nacional de 1881 presentó Moreno Carbonero este lienzo, consiguiendo una primera medalla. El lienzo nos presenta al príncipe don Carlos (1421-1461), hijo primogénito de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra, heredero al trono de ambos reinos. El príncipe cayó en desgracia tras las segundas nupcias de su padre con doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. La popularidad del príncipe en Cataluña motivaría que fuese hecho prisionero por orden real. El saberse despreciado para la sucesión a la corona y el fracaso de los distintos pactos y tratados auspiciados por él, le llevaron a aceptar con resignación su sino y retirarse de la política para llevar una vida dedicada al estudio y la lectura, huyendo a Francia en primer lugar y posteriormente a Nápoles, donde se refugió en un monasterio cercano a la localidad de Mesina, lugar en el que el pintor emplaza al personaje. Don Carlos viste un grueso manto de pieles y se adorna con un gran medallón al cuello, apareciendo en la soledad de la biblioteca conventual, sentado en un sitial de estilo gótico, con la única compañía de su fiel perro a los pies. El príncipe parece pensativo, con gesto de amargo desencanto, recostado sobre un almohadón al tiempo que apoya su pie izquierdo en otro, con la mirada perdida mientras sostiene en la mano un legajo que acaba de leer. Ante él se observa un gran libro en un atril, destacando la librería del fondo, con grandes tomos encuadernados, ocupando el primer plano varios rollos de documentos y grandes volúmenes. El pintor ha reducido la narración a una sola persona, al protagonista, concentrando su atención en mostrar la personalidad interior del personaje, melancólico e introvertido, y en los elementos accesorios que envuelven su figura y que adquieren un protagonismo tan destacado como el propio príncipe. Todos los objetos que le rodean introducen al espectador en el ambiente de abandono, concibiendo todo el conjunto de manera vetusta, de tal manera que hasta los colores son austeros. La luz está muy bien estudiada y la pincelada empleada por el pintor es bastante rápida y empastada, siguiendo el estilo de Pradilla. El lienzo fue adquirido por el Museo del Prado por 5.000 pesetas.