El arzobispo Pérez de Lanciego, 1877

Título: : El Episcopado Mexicano. Galería Biográfica Ilustrada de los Illos. Señores Arzobispos de México.
Autor: Francisco Sosa
Fecha: 1877


XXI. El Ilmo. Y Rmo. Sr. D. Fray José Lanciego y Eguilaz, O.S.B.
1712 – 1728
Hijo de padres nobles el virtuoso prelado de quien vamos a ocuparnos, fundé su gloria no en seguir la carrera a que por su alcurnia podía aspirar en la corte, sino en hacer el bien, probando una vez más, de esa manera, que con la nobleza del alma se conquista mejor la inmortalidad que con la pretendida nobleza de la sangre. El Illmo. Y Rmo. SR. MTRO. D. FR. JOSÉ LANCIEGO Y EGUILAZ nació en Viana, cabeza del reino de Navarra, el año de 1655. Desde muy joven manifestó inclinación al estado religioso, al grado de que al cumplir quince años abandonó la casa de sus padres, y, a pie, se dirigió de Viana á Nájera, con el objeto de hacerse monje de San Benito en el monasterio de Santa María de la Asunción, uno de los principales y más antiguos de la congregación, y observó la regla con tal exactitud, que mientras fue únicamente monje solo salía a predicar o a confesar, empleando las horas en la oración y en el estudio. Cuánto hubiese sido su aprovechamiento en este último, bien lo indica el habérsele llamado docto desde joven, y considerándosele como maestro insigne. 179 Obtuvo el cargo de abad, el empleo de predicador de S. M. en la real capilla, que desempeñó durante catorce años, y fue en Madrid calificador de la Suprema Inquisición.
Presentado por Felipe V en 1711 para arzobispo de México, vino antes de consagrarse. Llegó a Veracruz el 3 de Diciembre de 1712 y a la ciudad de México el 4 de Enero siguiente. Desde luego se hizo cargo del gobierno de su Iglesia, y habiéndole, por fin, llegado sus bulas, se consagró el 4 de Noviembre de 1714 con asistencia de los Ilmos. Sres. Obispos D. Fr. Ángel Maldonado, de Oaxaca; Dr. D. Felipe Ignacio de Trujillo y Guerrero, de Michoacán, y D. Fr. Manuel de Nímbela, de Guadalajara. 180 Siete días después le puso el pálido el ya nombrado obispo de Michoacán, acompañándole los doctores D. Rodrigo GarcíaFlores y Valdés, y D. Antonio de Villaseñor y Monroy.Hizo su entrada pública el 8 de Diciembre. La ceremonia fue solemne, más no la describiremos porque fue igual a otras de que el lector tiene ya cabal idea. La vida del Sr. Lanciego durante los quince años que duró su gobierno, fue una no interrumpida serie de actos de virtud. La mansedumbre de su carácter la bondad de su corazón su incansable dedicación al trabajo, su caridad nunca saciada, lucieron que la Iglesia mexicana gozase paz venturosa, que los desgraciados se viesen socorridos, que no hubiese el menor entorpecimiento en el despacho de los negocios, que el clero se moralizara y para decirlo en una sola frase, que por donde quiera se luciese sentir la dulce y poderosa influencia de un pastor benéfico, digno de ese nombre. No hubo disturbios, ni controversias, ni nada que pudiese dar ruidosa celebridad al prelado. Si alcanzó renombre, qué porque a pesar de su modestia suma a nadie podían ocultarse m su elocuencia como orador sagrado, ni mucho menos las innumerables buenas obras que hacía. Referiremos las Principales.
Luego que tomó posesión del gobierno se dedicó con fervoroso celo a hacer observarlas decisiones de los concilios Tridentino y Mexicano por parte del clero, y a aumentar la perfección de la vida monástica en los conventos de religiosas, para cuya dirección escribió una Carta pastoral 181. Fundó la casa llamada de la "Misericordia" parare cogimiento de mujeres casadas separadas de sus mandos; gastando en ella a más del costo del sitio en que se edificó, doce mil pesos, y siete más en las capellanías o fundaciones para el capellán y rectora del establecimiento. Fabricó una cárcel en la que pudiesen estar con la debida separación los delincuentes. 182 En la casa arzobispal aumentó las viviendas para familiares y para las oficinas, en que gastó de sus rentas treinta y siete mil pesos. Para la fábrica del nuevo templo de Regina Coelidio el SR. MTRO. D. FR. JOSÉ LANCIEGO  Y EGUILAZ veinticinco mil pesos. No menos crecidas limosnas dio para la fábrica del colegio de San Miguel de Belén. 183 Con piadosa liberalidad dio mil pesos a cada una de las muchas doncellas nobles que necesitaron completar sus elotes para hacerse religiosas; los viernes daba limosnas a hombres, españoles, los sábados a las mujeres y los domingos a los indios. Fundó nuevas cátedras de teología escolástica y moral en el Seminario y premió a los catedráticos con cantidades considerables para que pudieran borlarse en la Universidad, protegiendo al mismo tiempo a los estudiantes el Seminario y de otros colegios para que pudieran terminar su carrera. "Cada mes se llenaba su palacio de mendigos," dice un testigo ocular, y después agrega: "Pagaba deudas ajenas, ocultando su nombre. 184 Para conocer el carácter del SR. MTRO. D. FR. JOSÉ LANCIEGO Y EGUILAZ no se necesita más sino saber que, en cierta ocasión, siendo el abad del monasterio de Nájera, pasó la reina de España y visitó el convento. El abad, en vez de congratularse con la soberana haciéndole los honores, dio a otros el encargo de asistirla. Este rasgo demuestra cuán ajeno era el abad a las costumbres cortesanas, 
Pero lo que sorprenderá verdaderamente al lector, es saber que el SR. MTRO. D.FR. JOSÉ LANCIEGO Y EGUILAZ no conoció las monedas, es decir, no supo nunca distinguirlas por su valor. El, que a manos llenas hacia buenas obras, que remediaba las necesidades de las huérfanas y las viudas, que jamás desoyó los ruegos de los que a él acudían, ¡no conoció las monedas! 
Treinta y seis años habían pasado desde la última visita que hizo el Sr. Aguiar y Seijas á los pueblos más remotos del arzobispado de México, cuando el SR. MTRO. D.FR. JOSÉ LANCIEGO Y EGUILAZ hizo la suya. Con reducido acompañamiento la emprendió, y no quedódoctrina a que llegase, curato que no viese, distancia que no pasase. Ninguno de sus antecesores llegó como él a Acapulco. Con referencia a esta visita pastoral dice el Dr. Ita y Parra ya citado: "En otras partes con menos términos se forma el círculo de una real corona.
Sus despoblados son grandes, sus caminos ásperos, sus montes escabrosos, sus eminencia saltísimas, sus despeñaderos fáciles y profundos, sus climas dañosos y varios, sus temperamentos crudos, sus naturales incultos si no bárbaros, sus vientos recios, sus lluvias continuas, sus terrenos húmedos y calientes, sus animales muchos y ponzoñosos, sus parajes a cada paso inaccesibles. Levantándose a las 3 o 4 de la mañana, y a veces a la media noche,iba a los pueblos más pequeños por complacer a los indios, visitaba a los enfermos, confirmando a innumerables, examinándolos en doctrina cristiana, dotando a las doncellas al uso de la tierra si respondían con acierto, y fundando escuelas para que los indios aprendiesen el castellano. "No menos digna de especial recuerdo fue la conducta del SR. MTRO. D. FR. JOSÉ LANCIEGO Y EGUILAZ, durante el hambre que afligió al pueblo mexicano el año de 1714. La anticipación de las heladas en el año anterior, produjo la pérdida de las cosechas, y con ella la calamidad más lamentable. "La desolación era general en la Nueva España, dice el P. Cavo, por la hambre que se padecía, que fue tanta según nos contaban nuestros mayores, que por las calles no se veían sino enjambres de pobres pidiendo pan." "En esta calamidad, continúa el mismo escritor, el arzobispo D. Fr. José Lanciego y el duque de Linares se mostraron padres comunes, y sus haberes los gastaron en socorrer a los pobres." 185 Al hambre siguió una epidemia originada de los malos alimentos que se proporcionaban los pobres, y con la epidemia se presentó nueva oportunidad al SR. MTRO. D. FR. JOSÉ LANCIEGO Y EGUILAZ para ejercitar los hermosos sentimientos de que se hallaba adornado; sentimientos que, es un deber decirlo, fueron felizmente imitados por los ricos,cuya caridad fue el consuelo de los infelices, según el testimonio del P. Cavo.
Otro escritor coetáneo, refiere que tan humilde era el SR.MTRO.D.FR.JOSÉLANCIEGO YEGUILAZ, que en esta peste hubo vez que cargase él mismo un colchón parallevarlo a la casa de un infeliz enfermo que carecía de lo más necesario; nobilísima acciónque enaltece al prelado y que puede servir de saludable lección a muchos sacerdotes denuestros días que no solo no ejercitan la caridad de tan sobresaliente manera, sino que algunavez se disgustan porque acuden a ellos en las altas horas de la noche para desempeñar lasfunciones de su ministerio. Con razón Beristaín al hablar del SR.MTRO.D.FR.JOSÉLANCIEGO YEGUILAZdice: "fue uno de los prelados más dulces, vigilantes y celosos que hatenido esta iglesia.