Autobiografía de Ritter Georgs von Ehingen

Titulo: Ritter Georgs von Ehingen Selbstbiographie - Cod.hist.qt.141
Fecha: ca. 1455
Fuente: Biblioteca Estatal de Württemberg Stuttgart

Juan, rey de Navarra y Aragón (detalle)

(textos originales de Referencia 1)
Introduccción. [...] La relación más antigua de las cuatro que publicamos, es la autobiografía de un caballero de Suabia, llamado Jorge de Einghen, que debió nacer hacia el año de 1427, y que estuvo en España en 1457. Jorge [...] es un sujeto inspirado y dirigido en los trances de su vida por las ideas caballerescas de la época, las cuales le impulsaron á salir desde muy joven de su casa , entrando al servicio de  egismurado de Austria, conde del Tirol, que tenía su corte en Inspruck, pasando luego á la del Duque de Carintia Alberto de Austria, hermano del emperador Federico 111,habiendo hecho luego dos largos viajes, el uno al Oriente para tomar parte en la guerra santa contralos turcos, que ya eran una terrible amenaza para la civilización cristiana, aun sin haberse posesionado de Constantinopla ; y el otro, al Occidente, para pelear también contra los sectarios de Mahoma, que todavía ocupaban el confm meridional de nuestra Península.
[...] El tercero y último retrato de los que se reproducen en esta edición es el del rey D. Juan II, de Navarra, hijo de D. Fernando el de Antequera, que nació en 1397 y subió al trono de Navarra por el erecho de su mujer, sucesora de Carlos III, en 1425; de suerte que cuando le vio Ehingen tenía cincuenta y ocho años, y basta examinar el retrato para conocer que no puede representar una persona de tal edad, por lo que Mr. de Virville infiere que el retrato debe representar á D. Carlos, príncipe de Viana, que por muerte de su madre era el Rey de derecho de Navarra ; pero como nunca lo fué de hecho ni usó ese título, y como los datos históricos que aduce Mr. Virville están completamente equivocados, su opinión, que podrá sin embargo resultar cierta, carece completamente de fundamento, pues leyendo con atención los anales de Navarra, continuados por Aleson, se ve que D. Carlos no estaba en Navarra cuando pasó por allí Jorge de Ehingen. El traje de este retrato se compone de un chaperon negro revuelto y plegado en forma de turbante, ropa parda y larga que cubre un jubón ó coleto con cuello rojo y un collar formado por una gruesa cadena que va de una hombrera á otra, calzas y zapatos negros. [...] 

BURCARDO DE EHINGEN, EL DE LA TRENZA.
Hé aquí la causa de que se le llame el de la Trenza: sirvió á un Duquede Austria en el país Oriental, que creó una orden de Caballería, que se distinguía por una trenza; porque una bella señora se la habia cortado, entregándosela como recuerdo, y en honor de esa misma seííora, creó una Orden de Caballería con ese nombre. Este Burcardo de Ehingen llevó consigo esa Orden del Austria á la Suabia [...]

página 1

[...] Sucedió luego que el rey Ladislao, que era entonces Príncipe de Austria, y ademas Rey de Hungría y de Bohemia, quiso ir á Praga para coronarse rey de este último país. Mi señor, el duque Alberto, hubo de acompañarle con 500 caballos ; y el Margrave Alberto de Brandemburgo trajo 300 para cabalgar con mi señor. Particípelo yo también á mi amado padre. Y cuando supo cómo había obedecido sus consejos, y cómo había conseguido mi cargo, se alegró sobremanera y me dijo: «Deseo, hijo querido, equiparte para esa expedición bien y decentemente, cual conviene á un caballero, para que te ejercites y sobresalgas en todo linaje de ejercicios caballerescos y en cuanto sirva para perfeccionar y enaltecer á los caballeros; y cuando observes alguna novedad en los demás, procura imitarlos, importándola contigo á tu país.» Me proveyó, pues, de arnés y de coraza completa, y de corceles y de caballos, criados, trajes y todo lo demas que debe poseer un caballero, de todo lo cual se alegró sobremanera mi gracioso señor. Acompañábale un escuadrón bien equipado de hombres distinguidos, y caminaron juntos ambos príncipes hasta Viena en el Austria, donde encontraron al rey Ladislao, que los recibió con la mayor amabilidad. Desde allí salieron los príncipes con el rey, á quien acompañaban muchos poderosos señores de Hungría, de Austria y de otros países de sus dominios, en número de 10. 000 caballos, siguiendo con él hasta Praga. [...] 

Ladislao, por la gracia de Dios,
rey de Hungría y de Bohemia,
duque de Austria, margrave de Merhen
  
[...] Nos dirigimos á Chipre, y a la corte del Rey para conocer también sus dominios. Felipe era entonces el soberano de este país. Acompañado de algunos mercaderes venecianos que llevaban el propósito de visitar la isla, llegamos á su capital situada enfrente de Rodas. Entregué al Rey la carta del gran Maestre , siendo recibido por él muy afablemente. Permitióme seguir mi peregrinación y recorrer su reino, concediéndome también el honor de hablarle y de tratarlo, y después me despedí de él, y regresé á Rodas. Cuando llegué aquí, el gran Maestre me acogió con la mayor benignidad y me trató espléndidamente ; me encontraba algo enfermo y hube de guardar el lecho algunas semanas, me envió su médico y cuanto necesité hasta recobrar mi salud. Entonces volví á Venecia, y de Venecia á mi patria. [...] 

Felipe ?
Felipe, por la gracia de Dios,
rey de Chipre

[...] nos encaminamos á visitar al Rey de Francia, que se llamaba Carlos, y cuando llegamos á su corte, así los señores franceses como los personajes de su séquito, después de presentar las cartas al Rey, nos acogieron muy afablemente y nos trataron con esplendidez.
Pero en este reino no habia ocupación para nuestras aficiones caballerescas, porque el Rey era un hombre grave, de edad algo avanzada. A las seis semanas de estar nosotros en la corte de Francia vino una embajada solemne del Rey de España para participar al de Francia que aquél se proponia emprender una gran cruzada contra el Rey moro de Granada, porque éste, con ayuda del Rey de Túnez y de otros soberanos moros de África, había hecho muchas y ruinosas correrías por toda España, y que si no se le refrenaba serian los males mayores; y si por este medio conseguía derrotarlo, así los de su propio reino como todos los cristianos obtendrían grandes ventajas; y quería que el Rey de Francia lo hiciese saber á todos los cristianos de su reino, con el objeto de mover á algunos caballeros á acudir allá en su socorro, rogando al mismo Rey de Francia que, en caso de que los hubiese les diese licencia y accediese en todo á sus deseos. El Rey nos lo comunicó á su vez, y nosotros anclábamos emprender ese viaje, si él nos ayudaba á realizarlo con todo su poder. El Rey oyó con placer nuestro sentimiento y alabó nuestros propósitos. Dio á cada uno una bella armadura completa, y ademas cien coronas y una carta de recomendación para el Rey de España, y orden para que á nuestro paso por Francia se nos auxiliase y favoreciese; y atravesando este reino por Armeuyesa llegamos á Tolosa y después al reino de Navarra y á su capital, que se llama Pamplona.

Carlos, por la gracia de Dios,
rey de Francia

Supimos en nuestra travesía que el Rey de Sicilia tenía corte en Angers, en Francia, allá nos encaminamos, no teniendo que rodear mucho, y con el propósito de que descansasen durante ese tiempo nuestros caballos, y pasar algunas semanas al lado de este rey. Llamábase Renato y tenía en Francia muchos bienes, ciudades y castillos. Llegamos nosotros á la corte, que en Angers tenía el rey Renato de Sicilia, y fuimos recibidos por él muy afablemente, y nos trató con esplendidez y nos honró sobremanera.[...] 
Renato, por la gracia de Dios,
rey de Sicilia y 
duque de Calabria

[...] Proseguimos nuestro camino después de algunas semanas, como he dicho antes, y atravesando por Francia, llegamos á Pamplona en el reino de Navarra, allí supimos que la expedición contra Granada estaba de vuelta; determinamos, por tanto, detenernos algún tiempo en la corte del Rey de Navarra, aclimatarnos al país y desde allí dirigirnos á Portugal, y así lo hicimos. El rey de Navarra se llamaba Juan. Allí permanecimos sobre dos meses. El rey nos trató bien y nos festejó con cacerías, bailes, banquetes y otros regocijos.[...] 

Juan, por la gracia de Dios,
rey de Navarra y de Aragón,
duque de Viana y de Monblanch,
conde de Ribagorza,
señor de la ciudad de Balaguer

[...] En este intervalo supimos en la corte que el Rey de Portugal movia gran guerra por mar y tierra á los moros de África, y especialmente á el Rey mahometano de Fez, y que el Rey de Portugal, algunos aíios antes, se había apoderado de una gran ciudad llamada Ceuta, situada en África, allende los mares. Resolvimos, por tanto, marchar apresuradamente á Portugal; pedimos licencia al Rey, que nos la concedió bondadosamente, y fuimos despedidos con todo linaje de distinciones, asegurándonos que en todo su reino nos dispensarían los mismos honores.
Atravesamos el de España por una gran ciudad llamada Burgos y por otras hasta llegar á Santiago. Perdimos uno de nuestros mejores caballos de guerra, porque el camino es sumamente penoso. Nos habíamos propuesto detenernos en el puerto de mar llamado Logrunje, que los santiaguistas de nuestro país llaman de la más negra estrella ( i ) , y así lo hicimos. Nos embarcamos después y nos hicimos á la vela hasta llegar á Portugal. El camino es de 120 millas por agua, y después llegamos á la ciudad de Lisboa. Esta es la capital del reino de Portugal. Anunciamos al Rey nuestra llegada. Cuando supo que éramos enviados por el Emperador y por la Casa de Austria, nos hizo buscar en nuestro alojamiento para decirnos que tenía noticias de nuestra expedición, y que habiendo caminado larga y penosamente por mar y por tierra, debiamos descansar y tratarnos bien por algún tiempo, y que nos daria en seguida audiencia.[...] 
[...] Tantos fueron los agasajos, tantas las fiestas con que nos honraron, que superaron en mucho á las que nos dieron en los demás reinos y principados. Condujéronnos muchas veces á los aposentos de la Reina, y allí se celebraron alegres bailes; asistimos también á monterías y hubo carreras de caballos, saltos, combates, luchas y juegos á la jineta, y algunos banquetes. ¡Buena vida llevábamos! El rey se llamaba Alfonso, y era muy agraciado, el príncipe más dispuesto y más cristiano guerrero y justificado que he conocido en mi vida.
Tenía una corte regia, dos margraves y muchos condes, señores y caballeros á su servicio, y sobre todo una bella esposa. Nos ocupábamos, pues, en todo linaje de ejercicios caballerescos, justas y torneos, completamente armados, en los cuales el Rey recibia gran placer y contentamiento. [...]

Alfonso, por la gracia de Dios,
rey de Portugal y del Algarve,
señor de Ceuta y de Algogiro

[...] Aconteció entonces que Enrique, Rey de España, se propuso de nuevo capitanear una gran cruzada contra el Rey moro de Granada, como la proyectada con anterioridad, cuando nos hallábamos en la capital de Francia, que no se verificó á consecuencia de cierta peste. Pedimos, pues, al Rey de Portugal que nos diese su licencia, pues deseábamos, concediéndonos el Señoría vida, y contando con su real anuencia, asistir á esa expedición, y así lo dijimos al Rey. Accedió á nuestros deseos; fuimos á España y nos recibieron bien. Llevábamos cartas del Rey de Portugal. Buscamos al Rey para entregárselas, el cual pronto supo, sin ellas, quiénes éramos y á lo que veníamos. No obstante sus muchas ocupaciones en aquellos momentos y las de la corte, encargó á algunos caballeros que nos acompañasen y  obsequiasen. Habíase reunido muchedumbre de caballos é infantes, por haber llegado nuevas de que el Rey de Túnez y otro de África hablan enviado por mar al de Granada gran número de soldados de á pié y de á caballo. De aquí que el Rey de España hubiese reunido 70.000 buenos combatientes, número, á la verdad, nunca visto por ningún otro cristiano. Acompañá banle los caballeros de Santiago, con fuerzas considerables. Los españoles decian que la Orden contaba 1.500 jinetes. Así nos dirigimos en buen orden á Granada (i), apoderándonos de todos los castillos y pequeñas poblaciones de este reino, porque los moros temian oponerse á tan numerosas tropas, y confiaban en la multitud de combatientes que se habian reunido en la gran ciudad de Granada. Nos vimos, pues, en la necesidad de asaltar la mayor parte de las fortalezas y pueblos y dar muerte á todos los moros, y los asistentes y demás servidores tenian también orden de pasar á cuchillo á las mujeres y á los niños, como lo hicieron. 
[...] permanecimos, á nuestra vuelta, dos meses en España, en la corte del Rey. Honráronnos mucho con
banquetes, bailes, cacerías, carreras de caballos y otras diversiones. A los dos meses nos despedimos del Rey para visitar de nuevo al de Portugal, y nos favoreció y distinguió sobremanera. El Rey nos concedió el distintivo de sus órdenes, á saber: de la Española, que es una banda ancha y linda, con placas superpuestas como escamas de pescado, y la otra la banda de Castilla, con una túnica escarlata y una banda dorada de dos dedos de anchuraa que pasaba por debajo del brazo izquierdo y bajaba oblicuamente por delante hasta el extremo de la túnica del lado derecho, y desde aquí subiendo por detras, llegaba hasta debajo del mismo brazo izquierdo. La Orden tercera es la de Granada: que es una granada sobre un globo, con un cabo ó pedículo y algunas hojas. Nos dio ademas 300 ducados y un hermoso caballo á cada uno. Así nos separamos honrados, alabados y con provecho de este cristiano
rey Enrique, en el aíío del nacimiento de Nuestro Señor, 1457.
Item, volvimos á Portugal.
Item, suscitóse después guerra en Alemania.
Item, el Rey nos dio licencia para marcharnos, regalándonos una tela bordada de oro, de valor de 200 ducados. ítem, una pieza de terciopelo carmesí y cien varas de tela negra. Ademas un corcel portugués á cada uno y 300 ducados. Nos encargó muy encarecidamente que volviésemos á visitarlo.

Enrique, por la gracia de Dios,
rey de Castilla y de León,
Toledo, Galicia, Sevilla, Córdoba,
Murcia, Jaén, Algarve, Algeciras;
señor de Vizcaya y Molina

Item, atravesamos por Portugal y por España, y cuando llegamos á una gran ciudad llamada Zaragoza, vendimos la tela bordada de oro y todo el terciopelo que no necesitábamos para nosotros, y ganamos 500 ducados.
Item, continuamos por España y Francia, y al paso vendimos algunos de los caballos más pesados, porque el camino era largo y penoso. Nos embarcamos en Francia y pasamos á visitar al Rey de Inglaterra. El Rey nos concedió la entrada en todas sus Ordenes de caballería. 

Enrique, por la gracia de Dios,
rey de Inglaterra y de Francia,
señor de Irlanda

Mi compañero se separó de mí y yo me encaminé á Escocia. El Rey era hermano de la esposa de mi sefíor, y me recibió bien y me trató espléndidamente. La Reina era Duquesa de Sellern y natural de los Países Bajos. 
Item, el Rey me regaló dos tiendas y una pieza de terciopelo negro, y ademas diez ducados para cada uno de mis cuatro servidores.
Item, la Reina me envió un lindo traje que valia 30 ducados, y un caballo de guerra, que valia más de cien monedas de oro, y me obsequiaron mucho con cacerías, bailes y banquetes.

Jacobo, por la gracia de Dios, rey de Escocia


Referencia 1 
Titulo: Viajes por España de Jorge de Einghen, del Barón Leon de Rosmithal de Blatna, de Francisco Guicciardini y de Andrés Navajero / traducidos, anotados y con un introducción por Antonio María Fabié
Publicación: Libros de Antaño. Fernando Fé, Madrid
Fecha: 1879
Fuente: 

Referencia 2 
Título :  Iconographie historique. Notice d'un manuscrit souabe de la bibliothèque royale de Stuttgart contenant la relation des voyages faits de 1453 à 1457 en Europe, en Asie et en Afrique, accompagnée de neuf portraits des souverains de la chrétienté , peints d'après nature et dessinés sur les originaux par A. Vallet de Viriville,...
Autor  :  Vallet de Viriville, Auguste (1815-1868)
Editor  :  Didron (Paris)
Datos de edición :  1855


Fig. 8.— Le roi de Navarre. Ehingen désigne sous le nom de «Jean» le souverain qui régnait en  Navarre lorsqu'il passa dans ce pays, vers le mois d'octpbre-noyembre 1455. En effet, Jean II d'Aragon, né en 1397, deuxième fils de Ferdinand, roi d'Aragon, monta sur le trône de Navarre en 1425, après la mort de Charles III, dont il avait épousé l'héritière, et mourut l'an 1479, âgé de quatre-vingt-deux ans. Il en avait donc cinquante-huit lorsque Ehingen visita la cour de Pampelune. En jetant seulement les yeux sur le portrait que nous réproduisons,-ilparaît impossible d'admettre que ce puisse être là l'effigie d'un homme presque sexagénaire. Mais l'époque du voyage d'Ehingen semble coïncider précisément avec la guerre civile qui éclata entre le roi de Navarre Jean II et son fils don Carlos, prince de Viane. Don Carlos, né en mai 1421 et mort en 1460, était fils de Jean et de Blanche de Navarre, fille et héritière de Charles III. Blanche mourut en 1441, léguant expressément à son fils la couronne de Navarre, dont elle était de son propre chef souveraine et « propriétaire». Mais le roi Jean, malgré les instances du prince de Viane, refusa de lui céder la couronne. Le différend se vida par la force des armes. Jean habitait l'Aragon. Don Carlos gouvernait la Navarre, où il résidait avec le titre de lieutenant général. Dans le courant de l'année 1455, le prince de Viane, profitant de l'absence de son père, s'empare de Pampelune, prend possession d'une bonne partie de la Navarre et se fait proclamerroi, titre dont il jouissaitencore après le mois d'octobre. Mais bientôt le roi Jean accourt, son fils est défait en bataille rangée, puis réduit en captivité. Au mois de mai 1456, don Carlos résidait à Poitiers, où il s'était réfugié sous la protection du roi de France. A l'époque du voyage d'Ehingen, don Carlos, roi de Navarre en droit et, momentanément, en fait, avait atteint l'âge de trente-cinq ans, qui paraît convenir parfaitementau personnage représenté. Son costume se compose d'un chaperon noir « farci» et plissé en turban. Il porte sous sa robe, brune et longue, un gippon à collet rouge et un large collier d'or qui va d'une maheutre à l'autre; bas de chausses et souliers noirs.

Referencia 3
Título :  Annales Archeologiques. Iconographie historique. Notice d'un manuscrit souabe de la bibliothèque royale de Stuttgart contenant la relation des voyages faits de 1453 à 1457 en Europe, en Asie et en Afrique, accompagnée de neuf portraits des souverains de la chrétienté , peints d'après nature et dessinés sur les originaux par A. Vallet de Viriville,...
Autor  :  Vallet de Viriville, Auguste (1815-1868)
Editor  :  Didron (Paris)
Datos de edición :  1855


Otras referencias
  • https://de.wikipedia.org/wiki/Georg_von_Ehingen
  • http://www.kriegsreisende.de/renaissance/ehingen.htm
  • https://www.geschkult.fu-berlin.de/e/jancke-quellenkunde/verzeichnis/e/ehingen/index.html
  • https://www.geschichtsquellen.de/werk/2438